El último otoño en Paris

Una mañana de otoño un hombre y una muchacha se encuentran casualmente mientras visitan un apartamento de alquiler en Paris. La pasion se apodera de ellos y hacen el amor violentamente en el piso vacio. Cuando abandonan el edificio establecen el pacto de volver a encontrarse alli, en soledad, sin preguntarse sus nombres. 
El último tango en París es una puesta en escena de un hombre maduro que se expone para sí mismo y para los demás a través de una experiencia que debió ser bastante dolorosa si se tiene en cuenta la soledad y la insatisfacción eterna del actor en medio de los honores que le rendía el público, la facilidad para acostarse con todas las mujeres que deseara y la sensación de que ser actor no es la gran cosa, no es un trabajo muy artístico. Después de ver El último tango en París cuarenta veces me sigue emocionando… quizá, porque cada vez me identifique más con el personaje.

 Más allá de las escenas de sexo desinhibidas, El último tango en París habla de la soledad, del aislamiento, del brutal vacío existencial de un hombre devorado por unos demonios que le acosan tras la muerte de su mujer, con un pasado doloroso, sin presente ni futuro, que pasea su tristeza y angustia por las calles de París, cuya proverbial belleza se revela incluso sombría, cenicienta, mortecina. El encuentro casual con una joven que también quiere dejar atrás un pasado representado sobre todo por su inocencia, como transición de madurez entre adolescencia y edad adulta, parece que pudiera darles a ambos el futuro que necesitan, entrelazados en una relación enfermiza y destructiva donde aún no se pueden despegar del olor a muerte que invade el ambiente y en el que el sexo sabe a desesperación en uno, a malsano rito iniciático en otro, ambos en una burbuja en la que no existen los nombres, no existe el pasado y no hay comunicación posible como tampoco existe afuera, en una sociedad que agoniza en sus valores artificiales e impostados –como refleja la relación de la chica con su supuesto novio verdadero, pura farsa cinematográfica-, valores carentes de todo sentido, caducos, rancios y decadentes. Solo existe el presente. Y el presente es sexo como movimiento instintivo, como reacción de vida más primaria.

Mi escena:

Paul a Rosa:

” Te ves ridícula con ese maquillaje. Como la caricatura de una ramera. Un pequeño toque de mamá por la noche. Una Ofelia falsa ahogada en la tina. Ojalá pudieras verte. Sí que te reirías. Eres la obra maestra de tu madre. Cristo! . Hay demasiadas flores aquí, Joder!, no puedo respirar. ¿Sabes? Arriba en el armario, en la caja de cartón encontré todas tus, encontré todas tus cositas. Plumas, llaveros, dinero extranjero, boletos franceses, todas esas cosas. Hasta el cuello de un cura. No sabía que coleccionabas todas esas chucherías. Incluso si un esposo vive 200 años de mierda nunca podrá descubrir la verdadera naturaleza de su esposa. Quizá yo sea capaz de comprender el universo, pero nunca descubriré la verdad sobre ti. Nunca. Digo, ¿Quién diablos eras tú? ¿Recuerdas el día, el primer día que estuve aquí? Sabía que no lograría acostarme contigo a menos que dijera ¿Qué dije? Ah, sí, dije: “¿Me puede dar la cuenta?, Tengo que irme”. ¿Lo recuerdas? Anoche le apagué todas las luces a tu madre y el lugar entero enloqueció. Todos los huéspedes, como solías llamarlos. Pues, supongo que eso me incluye a mí, ¿no? Eh. Si me incluye, ¿Verdad?…Durante cinco años, fui un cliente en este albergue para vagabundos, en vez de ser un esposo. Con privilegios desde luego. Luego, para ayudarme a entenderte…me heredas a Marcel…el doble del esposo cuya habitación es igual a la nuestra. Y sabes que? ni siquiera tuve las agallas para preguntarle…si los actos que hiciste conmigo, fueron los mismos que hiciste con el. Nuestro matrimonio sólo era una madriguera para ti… y para deshacerlo, sólo necesitaste una navaja de 35 centavos y una tina. Maldita Ramera barata dejada de la mano de dios. Espero que te pudras en el infierno. Eres que el peor cerdo callejero que pueda existir. Sabes por qué? Sabes por qué? porque me mentiste. Me mentiste y yo confié en ti. Sabías que mentías, dime que no mentiste, no tienes que decir nada al respecto?  No se te ocurre nada. verdad? Eh? Anda, dime algo, Anda, sonríe, Puta. Anda, dime…algo tierno. Sonríeme y dime que yo entendí mal. Anda, dímelo… Jode- cerdos, Maldita mentirosa, Jode – cerdos de mierda. Lo siento…. Yo… Es que no…no puedo soportar… esas malditas cosas en tu cara. Nunca usaste maquillaje, toda esta mierda. Te quitaré esto de la boca. Siempre odiaste el lápiz labial. Ay, dios! Lo siento. No sé por qué lo hiciste. Yo también lo haría, si supiera como. Pero es que no se… Tengo que encontrar la forma…”

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