“Independence Day” en la cúpula nacionalista catalana

Bajo la cupula facebook
Una España sin catalanes ni vascos, cierto es que tocaríamos a más en todo, por ser menos para repartir. Nos tocaría por cabeza más modelo productivo fracasado, más bipartidismo, más injusticia, más contrarreforma educativa, más prensa cavernícola, más banca tóxica, más poder económico dominante, más corrupción; más de todo per cápita.

Uno de los argumentos separatistas es la crisis como oportuno combustible para la hoguera, ese discurso simplón que seduce al nacionalismo catalán de que formar parte de España es una desgracia que les hace sufrir una crisis que no merecen, si fuéran un Estado independiente superarían la crisis manteniendo su elevado nivel de vida; ha llegado la hora de romper con España para recuperar su dinero (que según ellos les han robado para dárselo a los vagos). Buena parte de la sociedad catalana recurre a este discurso tóxico para explicar todas sus tribulaciones efecto del mal gobierno propio, y este 11 de septiembre se ha manifestado en masa para hacerlo bien visible.

Esto no es más que el intento de conseguir una secesión para conseguir privilegios, ya que sin el famoso “déficit fiscal de Cataluña”, entendido como un robo, los catalanes podrían disfrutar de mayor bienestar sin pagar más impuestos que es exactamente el mismo discurso populista que emplean los países europeos más ricos opuesto a cualquier clase de ayuda a sus socios comunitarios en dificultades y que defiende la arcaica izquierda española, sosteniendo ese egoísmo ultranacionalista.

En Cataluña hay un número importante de independentistas convencidos que querrían llegar hasta el final, pero lo que es seguro es que la mayoría de catalanes no quiere salir de España: quiere salir de esta España en la que vivimos actualmente, porque de esta España somos muchos los que queremos salir, sin tener que independizarnos. De esta España corrupta, donde no queda ya institución que no esté en crisis, y donde caminamos con paso firme hacia el abismo..

Es mucho más razonable y coherente construir otra donde ni los catalanes ni los demás nos sintamos incómodos, una España que tenga futuro y en la que no tengamos más motivos para avergonzarnos de los que tienen los ciudadanos de otros países.

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