Aquellos maravillosos años 60

En Madrid el 19 de Junio de 1960 dio a luz mi madre un ser al que llamó Gonzalo, el primogénito de una familia acomodada del rancio Madrid de los sesenta. Mimado por todos fui creciendo ante la pasividad del mundo que por ignorancia no podían imaginar la amenaza que yo representaba.Durante los primeros y largos años de mi vida sólo pensaba en mi mismo, (luego también) aprovechándome de mis maquiavélicas “gracias”, que en definitiva servían para obtener todo aquello que se me antojara.

Mi primer viaje fue a Suiza con apenas tres años, de esta experiencia fui consciente de la misma y también de que la nieve no me gustaba absolutamente nada, con lo cual los deportes de invierno quedarían descartados en mis años posteriores. No obstante debo reconocer que se respiraba mucho mejor que en Madrid y la gente de aquel país hablaban muy raro.

El año siguiente nos fuimos a veranear a Torremolinos, este lugar era alucinante, la personas me hacían reír, eran muy graciosos y simpáticos, la playa me encantaba y descubrí por primera vez a las niñas rubias que hablaban también muy raro, raro, me gustaban mucho y no sabía el porqué, y creeme que insistía preguntando a mi madre pero ella siempre cambiaba de conversación.

De regreso a Madrid mi vida dio un giro muy importante, me fijaba mucho en las niñas, aquellos seres extraños que lloraban mucho y jugaban a cosas distintas. No sabía el motivo pero me atraían y no tardé en hallar la respuesta, mientras tanto pensé en formalizar alguna relación para estudiarlas minuciosamente.

Se llamaba Leonor, era un nombre muy bonito y además no lloraba. Era la hija de una vecina de mi madre , olía muy bien….. . Cuando jugábamos siempre intentaba verle las braguitas ya que me producía una sensación extraña, como calor, uffff !!.Todas estas nuevas emociones me producían alarmantes cambios en mi personita: agresividad, egoísmo… y no se cuantas cosas más. Los primero síntomas aparecieron estando con mis compañeros del colegio, no sé pero me hacía el “chulito” e intentaba dominarles por la fuerza, les pegaba y si el contrincante era más fuerte o más alto le mordía sin piedad.

Estos hechos se propagaron por el colegio y vecindario causando conmoción en la época, imagínate la repercusión de mis brutales actos que bastantes años después fueron llevados al cine, pero tuvieron la delicadeza de cambiar el guíon y los personajes, concretamente al mío le llamaron: Hannibal Lecter

Pasó algún tiempo hasta que las cosas se calmaron un poco, mi relación con Leonor se enfrió debido a que nunca podíamos estar solos, su madre no se fiaba de mi, todo esto coincidió con un largo viaje de mis padres, yo en su ausencia vivía en casa de mis abuelos paternos circunstancia que no me agradaba demasiado porque prefería a mi otra abuela. Concha era su nombre que desgraciadamente ya no esta con nosotros, ella me crió como un buen lechón ante las largas ausencias de mis padres, mi otra abuela era una beata que me obligaba a ir a misa todos los domingos y festividades absurdas de guardar.

Pero no todo era mal rollo porque en la misma casa vivía mi tía Juani, Oh!! era muy alta, con el pelo negro, guapísima y me agradaba tanto esperarla todas las tardes para besarla, sentarme sobre sus rodillas y jugar con ella.Recuerdo Humm! su extraordinario olor que me envolvía, sus largos brazos espléndidos, desnudos, carnales, en los que yo intentaba hundir mis dedos y mis manos, apretarlos, mientras ella no contenía su risa abierta y luminosa. Creo que fueron mis primeros inicios en el divino juego sexual .Cuando mis padres regresaron del viaje y todo volvió a la normalidad, yo me sentí sólo, confundido por el amor desmesurado que sentía hacia mi tía, la falta de sus caricias y mimos me impulsaron a construir un mundo propio, íntimo e impenetrable Me hizo ser un niño excesivamente introvertido, individualista al que la solvencia mental no dejaba la participación de otros, sólo tenía un amiguito o más bien un fiel súbdito que admirado por el brillo expresivo que yo desprendía me seguía en casi todas las aventuras que yo le proponía.

Ya tenía seis años cuando decidí prestar de nuevo atención a las niñas. Se llamaba Maribel y era la hija de los mejores amigos de mis padres, era rubia y feliz, siempre sonreía. Una vez de visita en su casa, cuando todos estaban inmersos en sus aburridas conversas, ella desapareció por un momento, fui a procurarla al hermoso jardín que ellos cuidaban con rigor, la llamé bajito, y…….allí estaba en cuclillas, tenía las braguitas en los tobillos, la falda remangada, la cabeza inclinada mirándose. Me acerque con cuidado sin que ella advirtiera mi presencia y vi con asombro como desde su pequeña rajita salía una aguita amarilla que batía con fuerza las hojas secas del suelo, estaba alucinado!! y de repente sentí de nuevo ese febril calor que me subía por mis piernas, y ante mi asombro noté la extraña dureza en mi “colita”. De repente!! Ella descubriéndome con sus grandes ojos me sonrió invitándome a mirar lo que hacía, acercándome poco a poco y poseído por una enorme excitación me puse de rodillas ante mi princesita y con la puntita de los dedos le separe aún más las piernas, extendí mi mano hacia el chorrito, estaba muy caliente, ella me cogió la mano para jugar con nuestros dedos y el liquido… hasta que terminó. Fue una experiencia inolvidable.

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