Como hienas

Foto: Adrian Art Work: Gonzalo Villar

Confiada caminaba por algún lugar, en sus manos una bandeja de plata, repleta de ambrosías, manjares que pudo conseguir. La sonrisa dibuja su rostro y con ilusión manifiesta se dirige hacia esas dulces niñas, que chismorrean en el parque. La alegría se traduce en palabras, captando la atención de las inquietas niñas, que se abalanzan como hienas a sus dulces. Ríen las bestias una y otra vez, emiten sus histéricas carcajadas cuando se sienten frustradas, principalmente cuando alguna subordinada es atacada y marginada por la dominante de su manada. Cuando acaban con todo, sus bocas repletas no les permite casi respirar. La gula les impide escuchar su nombre, tan solo perciben el olor a comida. La bandeja cae al suelo estrepitosamente y sus feroces miradas fijan las oscuras intenciones hacia ella. Sus rostros han cambiado, se muestran más agresivas, los colmillos sobresalen de sus babeantes bocas, abalanzándose sobre ella se clavan en su tierna carne. La sangre corre por su piel, tintándose de crueldad y dolor. Sus gritos aunque desgarradores son silenciados, por la bella imagen que destilan esas niñas .Tan solo puede sentir las garras en su espalda, como succionan la sangre, como despedazan su cuerpo por placer. La inconsciencia intenta apaciguar su sufrimiento pero es en vano, pues las garras separan la carne de su tórax, rompen sus costillas hasta ver con sus pequeños ojos oscuros su rojo corazón. Una risotada victoriosa retumba en su cabeza, hasta que sus ojos pueden ver su corazón fuera de su cavidad. Poco a poco se deja llevar por el río de su sangre que se esparce por la tierra. Deja caer los parpados hasta que tan solo una imagen despiadada se queda en su recuerdo. Son ellas, entre carcajadas y con el corazón en sus manos. La madre tierra me contó que guiadas por la avaricia, quisieron poseer su corazón. Lo mordieron con sus afilados colmillos, pero que no pudieron sobrevivir a la pureza de el y por algún motivo divino se deshicieron en polvo.

La madre tierra me dijo que ese polvo cayo en un pozo donde su maldad quedo apresada. En su espalda conserva las marcas de aquellas garras, pero su corazón sigue puro y latiendo hasta el infinito.

” Te atacarán en cuanto puedan, cuando estén saciados te dejarán tirado y volverán a ti siempre que se encuentren hambrientos.”

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