Pagando x Ello de Chester Brown

Chester Brown, mito del cómic ‘underground’, nos cuenta por qué decidió publicar ‘Pagando por ello’, su experiencia al desengañarse con su pareja y optar por buscar sexo en los bajos fondos de la prostitución.

Una anécdota para entrever a esta leyenda del cómic independiente de 51 años. Ya siendo conocido autoeditó su cómic autobiográfico Mi madre era esquizofrénica (había muerto cuando él tenía 17). En seis páginas aseguraba que esta enfermedad mental no es más que una herramienta de control social. Hizo 200 copias y las dejó en cabinas y estaciones de Toronto. La historieta la publicaría después unaprestigiosa revista de psiquiatría. Así es Chester Brown: raro.

 


O, según Robert Crumb, fundador estadounidense del cómic underground: “Chester no es de este planeta”. Lo asegura Crumb en el prólogo de la novela gráfica que (ver imágenes), Pagando por ello, donde también dice: “La teoría marxista de que el matrimonio es sólo prostitución legalizada ha encontrado otro entusiasta defensor”.
Lo que ha hecho Chester Brown es publicar  una obra larga (300 páginas, 50 de apéndices) sobre sus experiencias con 23 prostitutas durante cinco años. Y la llamó “una historia de amor”. ¿Cómo? Además, recientemente ha volcado su pasado anarquistoide presentándose al Parlamento (no salió) por el Partido Libertario de Canadá. “Les pregunté si había algún problema y me dijeron que, si el sexo era consentido, ninguno, que para eso eran libertarios”, comenta Brown a ROLLING STONE. No sería el primer político putero, cierto. Pero tampoco él parece un putero clásico. Lo hizo porque deseaba sexo, no ligaba con su pinta friky a lo Boris Karloff y, además, no quería otra novia. ¿Desengaño? Sí, su novia, en 1996, metió a su ligue en casa y él se pasó tres años célibe, compartiendo techo con los amantes. Así empieza la obra, pero no se dibuja hecho polvo. El autor sale en el cómic unas 2.000 veces, y siempre con la misma cara impasible. “Cuando me dejó no estaba triste ni celoso. Me cuesta expresar emociones, soy como un personaje de una película de Bresson”, desvela. Entonces, tras mucha cavilación y cháchara con sus colegas Seth y Joe Matt (para la crítica, los tres mosqueteros del cómic canadiense), salió a los bajos fondos y le cogió el gusto a la prostitución. Contactaba a las chicas por teléfono o en un cibercafé (“no tengo ordenador ni tele, soy un tipo antiguo aunque odie la nostalgia”). Cada dos o tres semanas buscaba una nueva o repetía con las que intimaba. Las eligió variadas: asiáticas, negras, blancas… pero a ninguna se le ve la cara en las viñetas. “Lo hice así para proteger su identidad. Hablé mucho con algunas, pero no pude meter sus historias en detalle porque no quería que nadie las reconociera”. Además de desfogarse, ¿aprendió de ellas algo que no sabía? “Sí, me sorprendió sentirme extrañado al darme cuenta de que eran gente normal. ¡Y eso que pensaba que no tenía una visión estereotipada del asunto!”. Se gastó, de media, unos 2.200 euros al año. Y le pasó lo típico: encuentros amistosos o gélidos, orgasmos o gatillazos, charlas largas o fugaces… Pero va más allá: neurótico y sincero hasta la médula, lo suyo es un striptease valiente, una radiografía extrema sobre qué significa el amor. Él, dice, lo acabó encontrando, pero nada de romanticismo convencional. “Al final sólo vi a Denise, hasta hoy.Tenemos una relación maravillosa, es genial. Tampoco somos novios. Pero ni ella es ya puta ni yo putero. Puta es quien se acuesta por dinero con varios hombres, no con uno solo”. Tampoco es la primera vez que Chester se dibuja en cómic. Pese a que su cumbre es la biografía en viñetas de Louis Riel, un héroe mestizo en lucha por defender a su pueblo del gobierno, su dilatada obra (cinco libros en España) es, sobre todo, autobiográfica (Playboy, Ed el payaso, Nunca me has gustado y ésta última). De forma lacónica (poco texto), austera (blanco y negro) y surrealista (una tira la protagoniza su pito con cara de Reagan), todas le sirven para dinamitar convenciones y romper tabúes: escatología, castración, porno, racismo, religión y hasta pigmeos caníbales. Y, ahora,prostitución. Un tema por el que le han caído críticas de sectores feministas. Él se defiende. “Sé que trafican con mujeres, pero no habría mafias si fuera una actividad legal. No veo la inmoralidad y me molestan las prohibiciones. Si alguien quiere follar por dinero y otro está dispuesto a pagar, ¿qué problema hay? Creo en la igualdad entre sexos. Degradante es currar 50 horas semanales en algo que odias por una miseria. Me pasa lo mismo con las drogas. La gente es responsable de su cuerpo, ¿no?”.

Por Marcos Rebollo – Rolling Stones 6 de Enero 2012

 

Entrevista con Chester Brown

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