Fashion Nazi

El patetismo convertido en dogma. Los hechos superan en amplitud cualquier intento de respuesta o excusa. El diseñador alcohólico y estrella mimada de Christian Dior, Juan Carlos Galliano – así es su nombre oficial – protagonizó el pasado diciembre de 2010 una seguidilla de episodios discriminatorios y antisemitas por los que fue separado de la firma francesa.
A pesar de sus 50 años de diseño de la vestimenta femenina, gritaba improperios nazis a una pareja en un bistró del barrio parisino de Le Marais. Luego de la denuncia pertinente y la explosión en los medios, la marca chic lo suspendía.Galliano desestimó el acontecimiento y continuó con su vida. Pero no tuvo mejor suerte que ver inundados los medios masivos de comunicación por una grabación realizada con un teléfono móvil en el mismo local de ingesta etílica. El diario británico The Sun difundiera un vídeo que circula por internet en el que se ve a Galliano decir “I love Hitlerdirigiéndose a las personas sentadas en una mesa junto a él. 
 «La gente como usted debería estar muerta. Su madre, su padre… todos estarían en las cámaras de gas», afirma en este breve vídeo, a lo que una mujer cuyo rostro no aparece en pantalla responde: «Usted tiene un problema».
«Usted también debería estar muerta. Usted es fea», le dice Galliano a la mujer, visiblemente borracho. «¿De dónde es?», le pregunta al diseñador una de las personas que se sientan en la mesa de al lado de John Galliano, que no dudó en contestar con un escueto pero contundente insulto:
«Bruja».
Según el tabloide británico ‘The Sun’, las personas a las que Galliano insultó eran francesas e italianas, pero no judías. El hombre que filmó la escena (cuya identidad no ha sido revelada) dijo al diario que «Galliano estaba sentado solo, bebiendo. No dejó de meterse en nuestra conversación, haciendo comentarios acerca de nosotros e insultándonos. Estábamos sorprendidos por todo lo que dijo», reflexiona.
El video fue grabado, según «The Sun», en la misma brasserie parisina donde John Galliano fue acusado de insultos antisemitas y racistas durante un altercado con una pareja. El modisto ha sido, además, acusado de una nueva denuncia por delitos similares que habrían ocurrido en octubre de 2010 en el mismo café de París.

La máxima responsable de Dior Couture, Sidney Toledano, ha condenado en la nota las declaraciones del modisto y ha asegurado que están “en total contradicción con los valores esenciales que siempre ha defendido” la empresa Christian Dior, propiedad del grupo LVMH, para la que Galliano trabajaba como director artístico desde 1996, ha indicado en un comunicado que ha tomado esa decisión después de que trascendiera a los medios de comunicación ese vídeo “particularmente odioso” .

Tras ese incidente, al que siguió la detención de Galliano, la casa de moda “había suspendido inmediatamente sus relaciones con el estilista, a la espera de los resultados de la investigación”, señala la nota de Christian Dior. “Hoy, con motivo del carácter particularmente odioso del comportamiento y de las declaraciones sostenidas por John Galliano en un vídeo publicado , la casa Christian Dior ha decidido apartarle inmediatamente e iniciar un proceso de despido contra él”, agrega el comunicado.

 
Sorprende el entusiasmo del modisto, homosexual confeso, por el líder político que oficializó el exterminio de los sodomitas europeos al considerarlos enemigos del régimen nacionalsocialista.
  

La persecución de los homosexuales en la Alemania nazi se fundamentó principalmente sobre la premisa de que la homosexualidad era incompatible con la ideología nacionalsocialista porque los homosexuales no se reproducían y por tanto no perpetuaban la raza aria. La homosexualidad constituía una de las pruebas de degeneración racial que, además, se transmitía por vicio de unos individuos a otros; por ello las autoridades debían poner todos los medios a su alcance para evitar su extensión.

 

No es la primera vez que el universo de la moda coquetea con el nazismo. La primera mujer que se posicionaba como presencia fuerte y marcadora de tendencia fue la francesa Coco Chanel. Quien fuera señalada como la impulsora de la comodidad antes que nada, de soltar las amarras del cuerpo encorsetado y de plantear un nuevo modelo femenino menos sumiso y más independiente, además tuvo que cargar con el peso de ser colaboracionista como mínimo, y hasta adoradora por completo del nazismo. Ya grande, antes de morir e instalada nuevamente en su París querido, la modista negó siempre los cargos. Durante la ocupación nazi en París, Coco Chanel vivió en romance con el oficial de las SS Walter Schellenberg para mantener su residencia en el Ritz, hotel de su beneplácito y lugar de residencia de los oficiales de rango.
Pero no sólo comprometió su deseo a ese hombre de uniforme. También fue amante de otro jerarca: Hans Gunther von Dincklage, alias “Spatz” (gorrión en alemán).    
Cuando la guerra llegó a su fin, la reconocida modista fue arrestada por “colaboracionista horizontal” (así señalaban a las mujeres que intercambiaban favores sexuales con los oficiales nazis).   
Mujeres acusadas de ser colaboradoras Nazis después de la liberación de Francia, 1944. © Hulton-Deutsch Collection/Corbis
Sin embargo, como temía ser rasurada y paseada por las calles parisinas, hizo uso de la amistad que tenía con Winston Churchill. El primer ministro facilitó las cosas para que la menuda señora escapara a Suiza.Las excusas ofrecidas por Coco fueron vagas: afirmó que ella no pedía los pasaportes de los señores para irse a la cama con ellos. Pero los hechos sucedidos luego fueron la prueba fehaciente de su antisemitismo expreso. Los socios mayoritarios y quienes pusieron el capital para que la graciosa Coco pudiera poner en práctica sus talentos eran los hermanos Pierre y Paul Wertheimer, dueños del 90 por ciento de la firma. Durante la guerra, madame Chanel intentó por todos los medios sacarles la totalidad de las acciones por una ley nazi que despojaba a los empresarios de religión judía. Pero Coco no había contado con la previsión de los Wertheimer, que anticipando las políticas nazis contra los judíos, en mayo de 1940, entregaron judicialmente el control de perfumes Chanel a un hombre de negocios cristiano, Felix Amiot. Indignada, Coco intentó recluirse en un ostracismo obligado, pero siempre fue estigmatizada por sus preferencias racistas. Notable que ambos creadores tengan un origen humilde. Galliano, hijo de un plomero y una empleada doméstica andaluza, y Chanel, de padre vendedor ambulante y un ama de casa. Los dos pasaron necesidades hasta llegar a la cima del glamour. Y desde allí participaron y cocinaron, junto a los demás integrantes del mundo de la moda, los protocolos que enmarcan la dictadura del glamour. Para pertenecer hay que seguir los mandatos impuestos por sus popes. Y salirse obliga a la expulsión del gueto. Belleza, juventud, delgadez, riqueza, todo al extremo. Fascismo de la moda para llegar a la perfección del más apto. La segunda instancia del plan nacionalsocialista fue la separación del diferente, de aquel que no cumplía con los principios de la raza superior. El encierro en los campos de concentración y el trabajo esclavo.
El ejemplo alemán más paradigmático de combinatoria de moda con nazismo fue el del costurero de Metzingen Hugo Ferdinand Boss, creador de la famosa marca de indumentaria masculina. En 2007, Veintitrés exponía la historia hasta ahí no revelada de las ambiciones del sastre germano. El hombre de la aguja e hilo, obnubilado por la nueva fuerza política que caldeaba los ánimos de su país, decidía sumarse a sus filas. Rápido, Boss confeccionó los uniformes de las fuerzas hitlerianas y tal fue el éxito que esto le trajo, que en 1935 abandonó la fabricación de ropa civil y metió de lleno la cuchara en el ámbito castrense.
Boss en 1933  hace publicidad para uniformes Nazis
La empresa es dirigida en la actualidad por los nietos del fundador, Uwe y Jochen Holy, que rechazan las críticas realizadas contra el abuelo Hugo , aduciendo que la industria textil en su totalidad atendía los pedidos que les hacían las fuerzas armadas. Lo que prefieren no recordar es el usufructo que hiciera su pariente cercano de los hombres y mujeres presos en un campo de concentración para confeccionar los uniformes nazis. Lo que luego vino en llamarse trabajo esclavo. Hoy, los números de Boss dicen otra cosa: el volumen de negocios supera los 450 millones de euros, con más de dos mil trabajadores en su nómina. Cuando se le consultó, en aquella oportunidad, a la responsable de la firma en la Argentina, desestimó los dichos y no quiso ahondar en el asunto. Pasaron algunos años, pero como Moebius, los hechos se reiteran. Con otros protagonistas. ¿La moda abona y sería tierra fértil para algún que otro pensamiento vinculado a ciertas prácticas nazis? Habrá que esperar con más o menos paciencia si Galliano es recibido con bombos y platillos por la firma que lo despidió; si las clientas devuelven asqueadas sus tapaditos confeccionados por ideólogos nazis confesos; si las consumidoras voraces desechan las faldas fabricadas con mano de obra esclava.    GZLo
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